Escribe Angela Vallvey,
(Premio Nadal de novela 2001)
Publicado en ABC España el sábado 2 de Febrero del 2002.

Hoy día, cuando pensamos en narrativa peruana, ya no podemos ceñirnos al inefable trío Ribeyro-Vargas Llosa-Bryce Echenique, tres escritores, por otra parte, adorados en su país natal hasta el extremo de que sus libros son tenazmente "pirateados", y reconocidos de manera unánime fuera de él. No, actualmente hay una buena hornada de escritores nuevos, que comenzaron a despuntar con fuerza a principios de los años noventa, casi todos (aunque no todos) limeños de nacimiento, y casi todos con residencia permanente en Lima "la horrible" (así es como llaman a la ciudad sus propios habitantes). A la cabeza de este flamante pelotón literario, lleno de brío y entusiasmo, podemos citar a Iván Thays, Sergio Galarza, Quique Planas, Julio Villanueva Chang y Javier Arévalo. Escribir en Lima, y no digamos vivir en ella, no es tarea fácil para la mayoría: bajo un cielo oprimente de color "panza de burro", que nunca se abre en lluvia, hay que luchar cada día contra las huellas lacerantes de la dictadura, la pobreza, la corrupción política y la militarización de la sociedad, que impiden atisbar un cierto futuro y, lo que es peor, entorpecen violentamente el presente. La industria editorial nacional es poco menos que inexistente, lo que complica aún más la situación de los jóvenes escritores limeños y ha llevado a muchos de ellos a refugiarse en sus trabajos en los periódicos o la televisión (de los que han abandonado el país, no hablamos).
Javier Arévalo (Lima, 1965), con una amplia producción narrativa tras de sí, publica ahora "El beso de la flama" en España. Arévalo es un escritor que dota a sus narraciones de ciertos tintes de novela negra, pero los crímenes no le parecen tan importantes como sus circunstancias, que él pinta con unas ansias expresivas llenas de contraluces y amargos matices impresionistas. En esta novela está el mejor Arévalo, el que habla de engaños, de bajos fondos limeños habitados por travestis corpulentos que pueden ser asesinos en potencia, de noches en el bar "El Sargento Pimienta", de viejos revolucionarios llenos de secretos, de oscuras tramas políticas, de pobres y de muy ricos, de periodistas desconcertados, de amores extraños y de supervivientes a duras penas por las calles de una ciudad desolada, como Joche, que fue un chiquillo miope, pero un día se le rompieron las gafas y su madre no se dio cuenta de que ya no las llevaba hasta veinte años más tarde. Ésta es la primera novela publicada en España por Javier Arévalo. Esperemos que haya más: al otro lado del océano hay una lengua (la nuestra) todavía por descubrir.