La novela se abre ya en la página 16 con una escena sexual sugestiva:
un enigmático mafioso entrenando sexualmente a jovencita atada mientras
los observa una chica recién liberada de un aparente secuestro policial.
Después, iremos conociendo de forma fragmentaria y a modo de puzzle a
los demás personajes.
La trama, inteligentemente tejida, se anuda alrededor de las vivencias de un
periodista de investigación, la presa recién libre, colaboradora
de un grupo senderista, un matrimonio bastante liberado de la alta burguesía
peruana y algún otro personaje. Escenas con travestis o de violencia
criminal forman el contraste con momentos de articulada narratividad.
Indudablemente, en esta novela publicada en España del joven peruano
Javier Arévalo, se observan guiños específicos a la literatura
iberoamericana, de Vargas Llosa a Ribeyro, pero también se habla, citando
explícitamente el título de "Ultimas tardes con Teresa"
la magistral novela de Marsé, y se crean ambientes que podrían
estar en novelas de Andréu o de Madrid. Parece como si la mayor comunicación
en los últimos tiempos de las literaturas de las dos orillas estuviera
produciendo fenómenos de ósmosis cultural.
La trama, dotada de esas características de sabia confusión pero
también de no siempre calculada fragmentariedad que denotan a la posmodernidad
narrativa, requerirá por parte del lector un cierto esfuerzo para cruzar
el Rubicón del primer centenar de páginas, y no siempre parece
tener claro el novelista si está haciendo una novela de personajes torturados
o de mera trama policíaca y de violencia. Escenas un tanto esperpénticas
(como la del garaje donde el periodista se enfrenta a una escena de sexo y violencia
con varios travestis mafiosos) escoran a veces a la novela en direcciones no
siempre muy consecuentes con el poso de estudio psicológico de otras
páginas.
"El beso de la flama" es decir, el encuentro y del deseo por el fuego
destructor de la llama, parece arrastrar, dentro de un cierto malditismo narrativo,
a los personajes a su destrucción, anunciando también las luchas
sociales y la fractura del tejido social que ellos mismos viven en una sociedad
americana aquejada por un desbordamiento económico y una palpable desorientación
psicológica en un mundo moderno de reglas de desolada selva científica.