Ricardo Sumalavia: yo voy a hablar como lector más que como crítico
literario. Mientras leía El beso de la flama me pregunté lo que
cualquier lector, que se enfrenta a este libro se habrá preguntado ¿cómo
se ordena la novela? ¿cuál es la estructura que me propone este
texto? Por otro lado, lo que me interesa es explorar la estructura de las novelas
y me agradó mucha que la novela fuera difícil de asir en cuanto
a estructura. He leído las críticas sobre la novela , pero no
he visto que se haya ahondado en esto. Cuando uno escucha el comentario: este
libro se construye en base a fragmentaciones, entre otros elementos, se puede
venir a la mente, como referente más cercano, las novelas de MVLL, La
Casa Verde, La ciudad y perros, etc. Tenemos una obra estructurada a partir
de fragmentaciones: rupturas temporales, saltos, vacíos narrativos, etc
pero que algún lector ocioso puede unir los fragmentos para que tenga
cierta linealidad. Pero en El beso de la flama se encuentra la fragmentación
y la fundición, determinados hecho son vistos desde distintas perspectivas
o momentos que le dan un ritmo muy interesante, ágil, menos confuso,
pero que le brinda a la novela una atmósfera bastante atractiva, hablando
de una novela posmoderna. Creo que es una de mis primeras impresiones.
Otra impresión es la agilidad de las narraciones, el buen dominio de
las descripciones y de las ambientaciones. Especialmente aquellos capítulos
titulados Bitácora de encierro, donde me parece que está muy bien
desarrollado la construcción de los personajes. Por otro lado, es el
recurso del policial, pero no un policial rígido, clásico como
el de Edgar Allan Poe o la novela problema de Sherlock Holmes o la novela dura
de Hammett o de Chandler sino más bien un policial que se viene desarrollando
en América Latina desde la década de los 80, que hace una parodia
del género donde se vale de algunos elementos del género policial,
de la novela negra, para poder propiciar un discurso narrativo bastante ágil
e interesante, donde los temas de de la novela la corrupción, la violencia
en las calles, confluyen bastante.
Víctor Coral: voy a empezar con una pequeña confesión,
yo hice una reseña para la revista Debate hace ya unos tres meses y no
he vuelto a leer la novela. Por lo tanto el recuerdo es lejano, pero creo que
es mejor porque puedo evaluar, como lector, que es lo que permanece de la lectura
de esta novela.
Recuerdo el manejo de ciertas escenas eróticas, creo que es un punto,
tal vez no esencial dentro del desarrollo de la trama, pero que hace muy atractiva
a la novela. La parte en que el narrador desarrolla esto lo recuerdo con mucha
gracia y como una secuencia bien lograda. Recuerdo la iniciación sexual
de Valeria, hay mucho acuerdo entre la parte estilística y lo que se
quiere contar.
Hay dos visiones de la crítica que he leído sobre el libro con
las que estoy de acuerdo. En primer lugar, creo que acierta el español
Arnaiz cuando dice que esta es una novela que busca hacer una mimesis de la
destrucción social en cierto momento de la historia inmediata de este
país. Me parece que dentro de las experiencias literarias, que se han
dado sobre el tema, El beso de la flama es la novela más lograda. Otra
cosa es que dijo Iván Thays, sobre la novela, es que se trata de una
novela sobre el compromiso y la imposibilidad del compromiso; atraviesa la novela
la lucha entre gente joven que quiere hacer algo, que tiene la intención
de hacer algo y la imposibilidad de realizarlo; hasta el final, que es ambiguo,
que anuncia una salida pero tal vez no, nadie sabe que es esa luz que ven los
protagonistas al final de la carretera, ¿será un pueblo, será
la salvación o será un espejismo más de los tantos que
se experimentan en este país?, un espejismo que puede verse en todos
los planos, políticos, sociales, e incluso literarios. En estos dos puntos
concuerdo con la crítica hasta ahora publicada.
Marcel Velázquez: yo he leído Nocturno de Ron y Gatos y
me parece que, en relación con esa novela, estamos ante un verdadero
salto cualitativo. Creo que el título de la editorial, Ópera Prima,
tiene relación más allá de lo meramente comercial. Me parece
importante destacar el eje en el cual se despliega la novela, esta fascinación
por el fuego que no es más que la lucha entre el sexo y la muerte, que
son los dos grandes implícitos en el texto. Me parece que es una novela
que comienza muy bien, con una alegoría que está al inicio de
la novela y que a lo largo de ella va adquiriendo distintos significados; es
una novela que, a pesar de esta fragmentación sui generis, cierra un
círculo con el final; el final, a diferencia de lo que dijo Víctor,
para mí no es ambiguo sino que está directamente relacionado con
el inicio. También lo vería, y creo que es aquí donde acierta
el texto, en su capacidad de representar una especie de enciclopedia de sensibilidades
posmodernas: hay estados afectivos que se correlacionan con estados espaciales,
sobre todo, el cuaderno de bitácora, aunque la niña es un personaje
espacial, que me recuerda mucho a los personajes de Mario Bellatín, incluso
desde la nominación. Volviendo a lo de las sensibilidades, es el gesto
y el simulacro lo que se convierte en la forma y el contenido de estos afectos,
afectos vacíos -y aquí se puede hacer la correlación entre
la esfera privada de los sujetos con una sociedad que empezaba un intenso y
prolongado proceso de desintegración. Otro personaje que me llamó
la atención fue Bruno, que podría verse como un personaje subalterno,
con este personaje se revela un conocimiento directo del mundo marginal, de
códigos, de lenguaje, de acciones, finalmente se le condena al estereotipo,
me parece que es un personaje que pudo ser mejor desarrollado y que debió
articularse de una manera más eficiente, quizá, con el desarrollo
del texto.
Tampoco me gustó del texto las digresiones no sé si con carácter
filosófico o metafísico que, creo, no añaden mucho; bastaba
con la gran alegoría que esta construida al principio de una manera impecable.
Luego hay una serie de reflexiones de los personajes e incluso del narrador
sobre el deseo, el amor que, en términos generales, no me llegan a satisfacer
porque no se articulan de una manera coherente con el resto del texto, incluso
hay personajes cuya verosimilitud descansa en cierto carácter que parece
ser negado por sus reflexiones, como si fueran pensados por otros y no son ellos
quienes están dirigiendo sus pensamientos.
Javier Arévalo: los escritores tienen un trabajo que ocurre en
un espacio cerrado frente a una computadora y eso es todo lo que ellos tienen
que hacer, creo que la literatura existe allí y existe después
cuando el libro es leído y es recreado. Cada una de las versiones que
dan los comentaristas es el libro que ellos han creado. Yo puedo transformarme,
en el momento de la lectura, en crítico de mi mismo y comentar algunas
cosas: en general estoy de acuerdo con lo que se ha dicho, el único punto
en el que yo entro en debate es con el asunto de la verosimilitud, que es un
dogma que persigue al escritor, que lo enfrenta al hecho de que el lector se
crea lo que ocurre dentro de la novela. Se supone que hay mecanismos para que
esto se produzca y, la verdad, es que yo conozco los mecanismos que debo poner
en marcha para que algo sea verosímil. Dentro de esta novela hay cosas
más verosímiles que otras. El asunto se vuelve peculiar al formular
una pregunta que me he hecho varias veces: ¿si yo sé hacer verosímil
algo por qué no hago verosímil otras cosas? Me lo pregunto porque
me doy licencias cuando escribo, ¿yo ignoro que algunas cosas son inverosímiles?
Eso es un tema para mi muy interesante, que lo resuelvo escribiendo y presentando
lo que he escrito. Es un problema que yo le planteo a mis lectores, pero no
me toca a mi dar la solución.
RS: A propósito de la verosimilitud, se me viene a la mente una
explicación de un escritor polaco Gronwoviz en su novela Cosmos, donde
le cuestionaban que no cumpla con el principio de verosimilitud en sus novelas.
Por ejemplo: si se menciona un cenicero y ese cenicero luego es utilizado por
uno de los personajes para dejar allí su cigarrillo, porque tiene que
matar a alguien, ese cenicero es funcional y forma parte de la construcción
verosímil del texto, pero si ese cenicero no se vuelve a mencionar entonces
alguien podría decir que la mención del cenicero es gratuita,
no sirve; sin embargo Growoviz dice, si el lector repara en el cenicero y se
pregunta qué hace allí, ya tiene una función distinta,
no con el argumento sino con la atmósfera que se quiere crear, una extraña
atmósfera porque parte de un elemento al que no le podemos dar una justificación
racional. En El beso de la flama en algunos momentos pasa lo mismo, podemos
pensar que algunos elementos son una impericia de la construcción de
la novela, pero otros lo verían como un mérito porque uno se pregunta
qué me suscita la presencia de ese elemento que luego no voy a poder
conectar con otro pasaje de la novela. Esto depende mucho de la propuesta del
narrador, no sólo en esa novela sino también con los otros libros
que pueda tener. Lo que me gustaría mencionar es que hay novelas de exploración
donde los personajes constantemente buscan repuestas y, creo yo, piensan demasiado
en la novela y que terminan por cansar y saturar al lector y hacen una novela
inverosímil. Por otro lado tenemos otras novelas recargadas de acción
que se digieren en dos patadas: el lector se divierte, ha llorado y sufrido
pero siente que no ha pasado nada. En El beso de la flama me gusta el equilibrio
entre la exploración de los personajes, en su búsqueda de crearse
un identidad pero, por otro lado, el argumento está tramado de tal manera
que permite que esas elucubraciones armonicen. Lo tenemos en el personaje de
Valeria que constantemente está tratando de entenderse a ella misma o
lo que sucede a su alrededor, y por otro lado, el fluir de las acciones me parece
muy bien llevado.
VC: Yo discrepo con Ricardo, creo que hace falta un poco de precisión
en lo que se ha dicho. Entiendo cosas distintas pero contiguas, sobre lo accesorio
de un elemento y sobre lo inverosímil. Accesorio es un elemento que no
tiene que ver con el desarrollo de la acción en un momento determinado,
es más bien prescindible. Lo verosímil tiene que ver más
con eventos que con elementos, con sucesos que están dentro del cuerpo
del texto y que, por algunas marcas, no resultan creíbles dentro del
proceso de lectura. Esto me parece que es un fenómeno intersubjetivo,
que va del lector al autor y que es un fenómeno de ida y vuelta, no creo
que tenga que ver solamente, como ha dicho Javier, con el conocimiento de ciertos
elementos y ciertas técnicas. Hay pasajes inverosímiles en todos
los autores, creo que hace más falta pensar en lo intersubjetivo y en
los elementos mentales que se dan en la lectura.
Más allá de ello quería recalcar algo que siempre me ha
parecido muy curioso en la crítica literaria peruana. Esta suerte de
tradición mimético realista, desde sus inicios; también
la comparten los críticos literarios. Un ejemplo concreto es la crítica
de Javier Ágreda, que constantemente pide que halla un acuerdo entre
la propuesta narrativa y aquello que llama realidad. Esa exigencia de verosimilitud
responde a un compartir de los críticos.
MV: creo que no es el lugar para entrar en una discusión de lo
verosímil. Lo real es no representable, lo que hace el lenguaje es construir
realidades. Lo que no podemos negar es que las novelas son textos culturales
inscritos en una sociedad y que, de alguna manera ayudan a diseñar los
circuitos socioculturales y políticos; una novela no es que refleje la
sociedad peruana sino que la crea. En ese sentido, me parece que uno de los
méritos mayores de El beso de la flama es la capacidad, y que no se ve
en otro autores, de hacer incisiones en la política de los afectos; una
capacidad de representar y crear emociones inéditas tanto en las relaciones
de pareja, amistad e incluso de enemistad e indiferencia; allí me parece
que hay un mérito mayor del libro. No pasa lo mismo en el momento en
que entra en digresiones que carácter filosófico, que no añaden
nada relevante al texto; bastaba con la alegoría inicial que le da soporte
semántico al texto y poco añaden las reflexiones de los personajes,
que básicamente son variaciones temáticas o estilísticas
de la alegoría central.
Otra cosa que me paree importante mencionar es la representación de lo
femenino. En la narrativa de los 90 no hay un personaje femenino que uno pueda
recordar con pasión, que esté estructurado, que tenga un lenguaje
que lo singularice, que tenga una cosmovisión, y creo que en esta novela
se logra con Valeria, que manejaba la trama de todos los hilos, bajo su aparente
inocencia y candor.
Los fragmentos de la sociedad peruana que se mencionan de manera directa no
me convencen, me parece una especie de sketch, que quiere filiar al texto temporalmente,
yo no sé si este texto requería de estos anclajes espaciales y
temporales, en cuanto nos remiten a un periodo determinado.
JA: Los anclajes referidos son como chismes para mí. Todos los
escritores en este país han tenido una persecución continua con
críticas como las que hace Agreda. Siempre ha habido una presión
sobre los escritores de representar la realidad como si el texto fuera sociología.
Obviamente, una novela va a convocar una cantidad de palabras que al leerlas
van a referir un mundo determinado, pero uno no escribe para un mundo determinado.
Cuando yo publiqué Nocturno, Alberto Fuguet había vendido 20 mil
ejemplares de Sobredosis en Chile y yo le dije a mi editor ¿por qué
no haces un canj con su editor,, tú lo publicas acá y ellos me
publican allá? Y él me dijo ¿qué interés
van a tener de leerte en Chile? Con esta actitud nadie nos va a leer.
RS: Hace un momento, Víctor Coral no discrepó conmigo sino
que precisó lo que yo quería decir. Y otra cosa que me llamó
la atención, Javier, es lo que te dijo tu editor pensando qué
interés tenemos en leer a un escritor chileno. Me imagino que el editor
te puede haber dicho que tenía que tener los referentes muy bien anclados,
espacial y temporalmente, para enterarse qué pasa con la realidad peruana,
porque hay lectores que piensan que los escritores son los que mejor representan
a las sociedades. Por eso los escritores siempre tratamos de refrescar qué
es la ficción.